De madres e hijas…

Quiero compartir con todos por qué empecé a hacer pulseras iguales con dos tamaños, pensando en que una fuera para una madre y la otra, un poco más pequeña, para su hija.

El otro día hice una pulsera, como me pasa tantas veces, me entusiasmó y quise quedármela.

Mi nieta estaba conmigo. Le gusta ver cómo trabajamos, y a veces se anima, y jugando va haciendo sus propios diseños. Desde que nació, he pasado mucho tiempo con ella y eso ha hecho que haya algo especial entre las dos.

Así que ese día no hizo falta que dijese nada para darme cuenta de que quería una. Pero no una cualquiera, sino una igual. Y cómo iba a negarme, por supuesto se la hice.

Quedó tan bonita como la grande. Ella estaba entusiasmada porque iba luciendo una pulsera como la mía, y yo me sentí todavía más unida a ella.

Todo esto nos hizo pensar. Sería bonito ofrecer la posibilidad a quien lo desee de experimentar algo parecido a lo que me pasó ese día. Creo que esto es algo que sucede a menudo, entre madres e hijas, o como en mi caso, entre abuela y nieta.

Así es que de esta forma, además de poder tener buenas sensaciones con las piedras que llevamos, podemos tenerlas por otro motivo. Reforzando ese vínculo tan especial que a veces tenemos con nuestras hijas y haciendo, que éste, sea todavía mayor.

Hemos hecho conjuntos con esta idea, y os mostraremos los que creemos que os harán sentir lo que os acabo de contar que ocurrió aquel día.

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